Sin premios ni castigos| ¿Entonces cómo?

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Por: Alex Castro

Los castigos nos ponen mal a todos y los premios aún peor.

Todos hemos tenido que manejar alguna situación difícil con nuestros hij@s, un berrinche, que hagan la tarea, que vayan a dormir, que sean responsables (lo que sea que eso signifique); buscamos diferentes formas de afrontarlo, a veces prometemos algo, un premio al alcanzar el comportamiento esperado y de no ser así imponemos un buen castigo!

Como terapeuta he acompañado a padres, madres e hij@s a encontrar soluciones a diversas situaciones, como papá las vivo, en más de una ocasión he tenido que detenerme, reflexionar, mirar mi interior, hablar con mi esposa, contar hasta 10…o más a fin de poder continuar y no arrojar un niño por la ventana.

Y es que ser mamá o papá siempre ha sido una tarea complicada, no hay un manual, la familia “tradicional” ha cambiado, ahora en muchos casos ambos padres trabajan, pasamos muchas horas fuera de casa; sin embargo, también los modelos han evolucionado.

Un día en un taller un señor me dijo: “los psicólogos tienen la culpa de cómo están las cosas, antes con unas nalgadas se solucionaba todo”. Pero estas problemáticas siempre han estado presentes, aún en aquellos casos en que “con la pura mirada” uno obedecía.

Sin dejar de lado la diversidad y que cada familia es diferente, puedo decir que tal afirmación puede tener sentido, sin embargo, cuando recurrimos al castigo físico normalmente no estamos pensando en corregir sino en lastimar, liberamos la tensión que ha generado una frustración no vista y que no siempre tiene que ver con la conducta a “corregir”, entonces nos descargamos, muchas veces sin medida de las consecuencias que esto pueda ocasionar.

Hablando de otro tipo de castigos, los que socialmente no están mal vistos, cuando pregunto: “¿Qué es lo que Usted castiga?”, la respuesta tiene que ver con algo que le gusta al niñ@ (incluso adolescentes), ¿Por qué algo que le gusta? “para que le duela” me responden.

A los niños y niñas les genera dolor que les castiguen algo que les gusta, ya que el castigo es una imposición, sin embargo, en muchas ocasiones cambian su actitud por una más cercana a lo que esperamos de ellos. Lo que podría hacernos pensar que si funcionó la reprimenda.

Reflexiona un momento: ¿con qué sensación te quedas después de castigar?

Al ver esa carita de puchero y tristeza en los seres que más amamos nos quedamos con cierto malestar, entonces, ya sea en ese u otro momento tratamos de compensar aliviando nuestro sentimiento de culpa.

El castigo tiene un gemelo malvado (redoble de tambores), ¿adivinaste?, si, ¡son los premios!

Los premios tienen una gran carga negativa y pueden ser el motor de frustraciones en los chic@s, ya que al prometer un premio la atención se centrará en él y no en que es importante atender las obligaciones, por lo que en el momento en que se obtenga el premio deseado aquello que tus hij@s hicieron para obtenerlo quedará en el olvido, ya que ahora esperarán uno nuevo y mejor.

Entonces qué nos queda a mamás y papás en este mundo en el que constantemente se nos dice que sí y que no hacer.

Reconoce y atiende tus emociones, estás cansado – estresado por otras cosas distintas a las conductas de los hij@s, quizás tu tolerancia a la frustración esté más baja por lo que tu paciencia se agotará rápidamente y terminas “desquitándote” con ellos.

Reflexiona si las reglas en casa han sido establecidas por mamá y papá en conjunto, a veces ni siquiera nos informamos de acuerdos hechos con los hij@s, lo que puede generar que “brinquemos” esa regla y generemos conflictos al descalificar a nuestra pareja.

Es importante considerar las edades de los pequeños, los niñ@s no piensan ni actúan igual que los adolescentes y mucho menos que los adultos. Habrá algunas cosas que se puedan negociar, otras quizás no. Una clave es la comunicación, si los chicos entienden los porqués es más probable tener éxito.

La flexibilidad permite el diálogo, la escucha activa y amorosa de lo que los pequeños tienen que decir previene desde berrinches en la infancia hasta huidas de casa en la adolescencia. Tan trillado como importante es el tiempo de calidad.

Permite que vivan consecuencias, éstas a diferencia de los premios/castigos, no siempre serán negativas. Un ejemplo: hay una diferencia entre comprar un juguete, porque lo viste y recordaste a tu hij@ y te nació hacerlo ya que atiende aquéllo que debe atender, a que prometas el regalo para tentar a que el pequeño se conduzca de alguna manera.

Sin duda es importante seguir tus instintos, si ves que algo no funciona háblalo, contrasta tus ideas con otros adultos, ten presente que quien mejor conoce lo que requiere eres tú, pero nunca está de más un poco de orientación.

 

 

MTF. Alejandro Castro Ledesma

Psicólogo, maestro en terapia familiar.

10 años trabajando con familias, parejas y adolescentes. Especialista en adicciones y en reevolucionar personas.

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