Mujeres de venus, hombres de marte

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Por: Alex Castro

¿qué no éramos todos terrícolas?

Nuevos roles en las familias modernas.

La analogía de que hombres y mujeres somos de planetas distintos, para explicar nuestras diferencias, ha sido utilizada durante mucho tiempo; sin embargo, también ha servido para enmascarar situaciones cotidianas que a veces quisiéramos tuvieran una explicación mágica.

En la entrega anterior se hizo mención de que la familia tradicional ha cambiado, así como la importancia de establecer acuerdos en pareja al momento de decidir cuáles serán las reglas dentro del hogar. En esta ocasión, hablaremos más de esas transformaciones y cómo han variado los roles tanto de hombres como de mujeres en las familias modernas.

Actualmente, es cada vez más común escuchar sobre los estudios de género, los derechos de las minorías, la erradicación del machismo, etc., además de debates serios que han generado una avalancha de ataques entre ambos sexos en redes sociales, con memes, videos, blogs, etc. Lo fascinante de la era digital es el intercambio de información, aún con toda la basura que se dice tras la identidad virtual.

Regresando al tema, en otro tiempo había roles bien definidos para hombres y mujeres, para los primeros (primeros siempre) la tarea del sustento del hogar, aunque más en términos económicos; en el caso de las mujeres, también con la responsabilidad del sustento (no económico) y de prácticamente todo lo demás, sin el debido reconocimiento (salvo el 10 de mayo).

Ahora, mujeres y hombres comienzan a compartir deberes, sin embargo, aún hay mucho por hacer.

En consulta de pareja aún me dicen “yo ayudo en el quehacer” o se afirma “sí me ayuda en casa”, como si las responsabilidades del hogar solo fueran de una parte, usualmente la femenina. No obstante, hay ocasiones en que cada uno asume responsabilidades independientemente de que culturalmente pertenezcan a uno u otro género.

Y es que la cuestión cultural aún tiene mucho peso, lo tiene porque funciona. La organización de las actividades dentro y fuera del hogar ha sido estereotipada debido a que históricamente fue funcional, sin embargo, como en todos los conflictos humanos, cuando algo que ya no es útil no cambia, genera problemas.

Básicamente, si aprendiéramos a hacer acuerdos no habría ni por qué pelear, tan valioso e importante es la aportación de las mujeres como lo es la de los hombres, fácil ¿cierto?.

 Pero ¿por qué seguimos discutiendo?, ¿por qué es tan difícil respetar que una mujer o un hombre decida de forma diferente a lo establecido? La respuesta es igual de simple que la solución: expectativas.

Todos tenemos una expectativa de cómo deben ser las cosas, la cual está ligada a la forma en que hemos aprendido a ver el mundo, a nuestras experiencias pasadas, a lo que construimos como verdadero, lo que no siempre es igual a lo que los demás piensan y es aquí donde hay problemas, aunque, al mismo tiempo, posibilidades. Te preguntarás ¿cómo? y hasta cierto punto es sencillo.

En nuestros días, hay mujeres que trabajan, estudian, hacen arte y son reconocidas, así como hay hombres capaces de expresar sus emociones, que adquieren responsabilidades que en otras generaciones no existían, por ejemplo: yo mismo fui “aprendiz de doula”. Aún hay mucho camino por recorrer para hablar de equidad, pero en cada uno de nosotros está el hacer transformaciones, no hay que esperar a que el mundo cambie, cuando tú mismo puedes modificar el tuyo.

Mamá y papá son solo algunos de los roles que las personas jugamos en la sociedad, habría que preguntarnos si soy la mamá-papá que quiero ser, si me siento feliz con lo que tengo en la vida, qué tanto he tenido que adecuarme a los estereotipos, si soy congruente con mis valores, si reconozco mis motivaciones internas o las integro en mi vida.

Al “desmenuzar” el tema parece ya no ser tan simple, sin embargo, cuando aprendemos a relacionarnos con amor, primero con nosotros mismos, luego con los demás, podemos lograr cualquier acuerdo, si no, piensa en algún momento de tu vida en que te hayas sentido enamorado, todo era posible ¿cierto?, entonces, enamórate de ti y verás que nadie tendrá que ser responsable de tu felicidad.

Así, cuando sientas la felicidad que genera estar bien contigo mismo serás capaz de compartirla con otros, lo que hará del mundo, sí éste, un lugar mejor, evitando tener que recurrir a las explicaciones interplanetarias.

  • Alex Castro. Papá, esposo, aprendiz de doula y terapeuta familiar.
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