La Familia. Adicciones

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Por: Alex Castro

En la prevención de adicciones existen diferentes factores de riesgo para que una persona comience a utilizar drogas: tanto legales como ilegales. Estos factores son desde una “normalización” del consumo de sustancias como el alcohol o el tabaco, hasta la proliferación de la oferta de sustancias ilegales, de la cual la lista es cada vez más larga, además de variopinta.

Nadie puede negar que la oferta existe y que está más cercana de nuestros hijos, va más allá de las leyendas urbanas de que afuera de las escuelas primarias había gente ofreciendo drogas en dulces, no se necesita disfrazarlas en dulces: muchos niños tienen su primer contacto con drogas cerca de lugares que se suponen deberían de ser seguros, sin embargo, estadísticamente hablando, el primer lugar es con la familia.

¿Tiempo de meterlos en una burbuja?

No, nunca es tiempo. Además de que no hay fórmulas mágicas. Todos, sí, todos, en algún momento de nuestra vida, tendremos un riesgo de consumir una sustancia, por ende, también de desarrollar adicción, aunque no es el espacio para profundizar, vale la pena mencionar que nuestro cerebro cuenta con neurotransmisores que responden “bien” ante el consumo de algunas sustancias, dicho ello, dejaré el tema para otro momento.

Pero hay otro factor aún más importante y que poco se ha considerado tradicionalmente en la prevención de adicciones, y es el que los seres humanos somos seres sociales, niñas y niños empatizan con los problemas de sus pares cercanos, sufren solidariamente y en ocasiones tienen conductas “solidarias” de riesgo, que en la niñez pueden ser: ocultar secretos, autolesiones, lealtad, aceptación.

Si estos factores de riesgo coinciden con situaciones familiares complejas como: sobre involucramiento en problemas de adultos, problemas de aprendizaje no atendidos, situaciones de salud, conflictos familiares, cambios en el ciclo vital, pérdidas de familiares cercanos, poco o nulo involucramiento de la figura materna o paterna, dificultades para relacionarse con pares, duelos no vistos (hay cosas que se valoran en la infancia y que a los adultos nos parecen poco importantes) y todo eso sumado a un pobre manejo emocional, estamos ante un caldo de cultivo ideal para patologías en la adolescencia.

Grandes consecuencias

En la infancia no suelen presentarse síntomas, con frecuencia uso la analogía que aquello no trabajado emocionalmente en la niñez se “pudre” y reaparece en la adolescencia, en forma de: bajo rendimiento escolar, autolesiones, fugas de casa, conductas sexuales de riesgo, distanciamiento entre padres/adolescentes, ira, depresión o el tema que nos compete en este texto: consumo y abuso de drogas. Esto viene a ser preámbulo, si no se atiende, de otro tema importante que no abordaré en este texto, que es el de la depresión y el suicidio entre adolescentes.

La familia como factor determinante

Pero volvamos a la prevención. Ya vimos que es todo un tema el asunto de los factores de riesgo, ahora atendamos los de protección, específicamente la familia como factor protector, cualquier familia independientemente de cómo esté compuesta puede ser un pilar sustancial para prevenir conductas y situaciones de riesgo.

Partamos ahora del cimiento que en Colectivo Bennu hemos desarrollado: la Armonía Emocional, entendida como la aceptación de todas nuestras emociones, aún de aquellas que suelen tacharse como negativas. Cuando en una familia los adultos hablan de sus emociones y se hacen cargo de ellas, evitan “cobrar” sus conflictos a sus hijos. De este modo los chicos se “entrenan” en diferenciar qué es de ellos y que no. 

Sin duda la Armonía Emocional es un arte, que como cualquier arte debe desarrollarse: primero debemos reconocer qué sentimos, dónde y porqué circunstancias, al hacerlo seremos capaces de compartirlo, si estamos a punto de desbordarnos y sacar al Hulk o el Mr. Hyde que llevamos dentro, podemos decir: “ahora no”, “no puedo hablar ahora”, literalmente he tenido pacientes que dicen “me puse la mano en la boca y salí corriendo”.

Y es que muchas veces al herir con palabras difícilmente resarcimos el daño, a veces la culpa solo nos lleva a empeorarlo, lo mismo pasa con la violencia física.

Pensemos en una situación ideal en donde compartimos nuestras emociones y logramos una armonía, ahora viene la nutrición relacional, no solo compartir, sino también validar, esto tiene que ver con permitir que nuestros hijos desarrollen su potencial más allá de nuestras expectativas…esperen… ¿Qué no es eso lo que todos queremos para nuestros hijos? Claro que la respuesta siempre es afirmativa, pero lo que no siempre reconocemos es dónde terminamos nosotros e inician ellos. Muchos de nuestros sueños frustrados pueden alimentar las expectativas que ponemos en nuestros hijos y que pueden alejarlos de sus propias motivaciones.

Los intercambios afectivos deben de ir más allá de “ya sabe que lo quiero”, “si trabajo para ellos”, “si todo lo que hago es por ellos”; las muestras de cariño que se dan con naturalidad hacía los niños pequeños son importantes; mantenerlas a lo largo de la vida y en todas nuestras relaciones, sin banalizar, un “te quiero” genuino puede ser importante en el desarrollo de un factor de protección. Hablar de temas que no nos interesan, pero a los adolescentes sí, son fundamentales para mantener canales de comunicación abiertos. Asimismo, establecer límites adecuados respecto a los temas de adultos permite que nuestros hijos e hijas sepan que seremos nosotros quienes resolveremos las situaciones y que su participación tiene una frontera clara. 

Por último y no menos fundamental es la confianza, si no hay confianza de que pueden atender pequeñas responsabilidades, a futuro tareas mayores se les caerán de las manos, no hay mejor maestro que equivocarse, más aún cuando hay alguien de mi confianza que me ayuda a aprender de mis errores, que no me castiga como si fuera algo personal y no un proceso natural de la vida.

Relaciones familiares armónicas ayudan a ser un factor de protección importantísimo ante el consumo de drogas, la armonía conlleva autoconocimiento, aprender juntos, respetar, validar y con amor salir a conocer el mundo. Es muy importante tomar de la mano a los más jóvenes, admitiendo que en ellos se encierra sabiduría ya que al ver el mundo por primera vez lo verán de una forma diferente a como lo hicimos nosotros y sin duda nos parecerán rebeldes, en esa rebeldía se encuentra el motor para cambiar el mundo.  

Alex Castro. Terapeuta familiar y rebelde con causa. Presidente de Colectivo Bennu, Armonía emocional.

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