Amor ¿Romántico o maduro?

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Por: Alex Castro

Y si mejor… sin etiquetas.

El amor es todo un tema. Compete a la filosofía, a la religión, a la ciencia… ¿a la ciencia? Sí, también. Aun cuando no se mide o palpa, se siente, se sabe qué zonas del cerebro se activan, hay signos y síntomas observables cuando está presente como cuando no lo está.

Las personas aman y sufren. En ocasiones no queda muy claro qué viene primero.

El amor en general es un acto que puede ser consciente o no, pero que necesariamente es relacional. El amor siempre va dirigido hacía un sujeto o un objeto, y a pesar de que se hace referencia al amor propio, se habla de relación.   

Las personas nos enamoramos con música o poesía, el enamorado escribe y compone, no importa la forma, importa lo que se siente. Los enamorados sueñan, imaginan, generan expectativas sobre lo que debe ser, idealizan al Otro, basados en su propio ideal del amor, en lo que se dice que debe ser, en lo que no debiera ser, etc. 

En el mundo, y característicamente en nuestra cultura, la música está presente. Siempre se dedican canciones con promesas de amor que es imposible saber si serán cumplidas, letras que hablan de la locura que padece quien tiene o quien pierde el amor “si me amas me muero, si no, también”. No tiene sentido cuando el ojo del observador cambia su marco de referencia, pero cuando se está enamorado o dolido sí que lo tiene.

Las canciones son bellas, el romance se vuelve canción cuando hay amor, también cuando se pierde.

Una misma pieza evoca sensaciones distintas y es que el amor es más complejo de lo que se cree.  Tradicionalmente los hombres, y ahora también las mujeres, tienen menos oportunidad de expresar sus emociones. Una forma de manifestarlas es mediante la música, y es que a través de las canciones y en ocasiones del alcohol -pero ese es otro tema-, las personas se expresan.

Cuando surgen conflictos relacionados al amor, las personas quieren vencer al tiempo: que “las cosas sean como antes”, cuando todo era mejor. Se resisten al desengaño, se aferran al recuerdo, a esa idea de un pasado mejor cuando los juramentos eran para siempre, cuando la vida era “juntos” o no era vida.

El amor romántico existe, no es una invención para sazonar los temas de género tan discutidos actualmente en redes sociales, sitúa a hombres y mujeres en roles definidos, donde hay cabida a todo tipo de expectativas, las cuales a su vez generan conflictos.

El amor romántico nos lleva a hablar, incluso, de adicción al amor: se ven similitudes entre el comportamiento de una persona dependiente a sustancias o conductas y de los dependientes al amor, exponiendo signos y síntomas ante la pérdida del ser amado. Lo anterior, se hace visible cuando el enamoramiento se acaba ya que cuando está presente es poco probable que se vislumbre tal cosa, dando libertad a la generación de las ya mencionadas expectativas y recuerdos adictivos de un pasado “mejor”.

¿Qué hacer? Equilibrar la comunicación; construir en pareja nuevos conceptos, acuerdos; evadir lealtades familiares; anular la manipulación, el poder, los celos; lograr un “amor maduro”, más productivo, en donde las situaciones son resueltas asumiendo que el amor romántico hace daño como instrumento opresivo -descalificatorio para ambos ya que estereotipa los roles en “sumisión – estoicidad”. ¡Tema resuelto!

Resuelto, pero ¿aburrido? En el enamoramiento sueñas, añoras, anhelas, sientes, enloqueces un poquito, te arriesgas; en el amor maduro, piensas, razonas, dialogas y calculas. ¿Será que “se cocinan” en el amor maduro otras expectativas que pueden ser rígidas como las del amor romántico y por lo tanto terminará por resultar poco productivo?

Piensa en el amor romántico como un adolescente al que le aburre la forma en que el “mundo adulto/amor maduro” se desarrolla.

Un adolescente quiere las cosas a su manera, desarrollar sus ideas, todo es posible, sin más límites que los impuestos por los adultos. Percibe, en este orden, la falta de pasión que encuentra en aquello que le motiva. El adolescente, como el amor, se rehúsa a ser consumido por la frialdad del raciocinio, se resiste hasta donde puede para luego convertirse en adulto maduro o bien integra experiencia y pasión para permanecer siempre rebelde.

Así, el amor, como el adulto rebelde, a veces toma la forma mesurada y medida de la madurez, mientras conserva el desborde y el disfrute del romanticismo.

Es decir, se ama sin sufrimiento, aceptando la libertad del Otro; a la vez que la de uno mismo. Estamos ante un sentimiento complejo: las personas recibimos información de lo que debe ser y no el amor; se desarrollan intervenciones y supuestos que apuntan a formas correctas de convivencia, más cercanas a la razón, huyendo del amor romántico, pero también buscando probar (lo que quizá ya no sería un acto de amor) que el amor mismo está presente.

Si las personas pueden ser individuos; a la vez que se convierten en parte de algo más amplio (pareja) desde el amor propio y hacía Otro, pese a que en ocasiones se desborde, se puede encontrar equilibrio.

Piensa en una idea romántica-pasional: coraje de amar a Otro distinto; a la vez que se tiene la madurez de Ser (amarte a ti mismo). Aún en la vulnerabilidad de estar con ese Otro que se ha vuelto significativo, encontrarás posibilidades, si no te descuidas tú.

El filósofo Zigmunt Bauman nos dice que el amor es impredecible, como la muerte, y llega a la vida de las personas de una forma u otra. Señala que, junto con el amor, viene el miedo a la pérdida del objeto de amor, lo que explica por qué síntomas como la ansiedad se hacen presentes cuando las personas no logran relacionarse con esa emoción, ya que en los miedos no resueltos vienen las dudas.

La relación y el amor producen ambivalencias: amor – odio, felicidad – sufrimiento. Las personas que aman tienen el impulso de proteger y cercar, no se puede vivir el amor sin dominar y entregarse al dominio de Otro al mismo tiempo; quizá es por ello por lo que se ha recurrido a ponerle etiquetas al amor: romántico cuando la balanza se inclina más al estereotipo o maduro cuando desde la razón hace acuerdos.

El amor sin etiqueta viene a ser la armonía entre el enamoramiento con los efectos que tiene sobre los individuos y la necesidad de establecer acuerdos cuando se decide convivir con una persona en una relación amorosa que va más allá del enamoramiento, integrando las necesidades de uno mismo a las necesidades del Otro.

Nadie va a terapia cuando se enamora, cuando siente el impulso de cortejar a alguien, cuando puede bajar la luna y las estrellas, menos si es correspondido.

Los conflictos vienen después: cuando el “adormilamiento” de la razón ha pasado, cuando en la relación aparecen los fantasmas de otras relaciones, los vacíos, los miedos y las expectativas disfrazadas de amor romántico, pero también las soluciones pueden venir disfrazadas de amor maduro, sin embargo, hay que encontrarlas.   

Alex Castro. Terapeuta familiar y de pareja. Enamorado. Presidente Colectivo Bennu, Armonía Emocional.  Esta columna es una adaptación del artículo publicado en el volumen 37 (número monográfico dedicado a la terapia de pareja) de revista REDES digital, puede ser consultado libremente en:

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