El origen del mariachi

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Septiembre es el mes más mexicano porque festejamos la independencia del Imperio español. Cada 15 de septiembre recordamos el grito de Dolores. Ya sea en nuestras casas, con nuestros amigos y familiares, o en las plazas principales, solemos gritar con todo nuestro pulmón ¡Viva México! Independientemente de los problemas económicos, políticos o sociales que aquejan a nuestro país, esa noche nadie nos quita ese gusto de sentirnos mexicanos. Nos reunimos y preparamos nuestros platillos típicos: enchiladas, sopes, tostadas, tacos dorados, mole. Algunos nos vestimos de acuerdo a la fiesta más mexicana o bien portamos alguna vestimenta que recuerden los colores patrios: verde, blanco y rojo.

 

Es la fiesta grande y como tal solemos escuchar música mexicana acompañados de alguna bebida como lo es el tequila. Pero no solo eso, algunos queremos sentirnos más mexicanos que nunca y buscamos al mariachi. Sí, ese grupo de mexicanos que entonan las canciones que nos recuerdan al México lindo y querido, al hijo del pueblo o el cielito lindo que en algún momento también es un cielo rojo porque nos hace recordar a la que se fue o a el jinete que va deseando la muerte…

Nuestras fiestas mexicanas suelen engalanarse con el mariachi, aquél que en 2011 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO por sus siglas en inglés) le ha considerado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Como dirían los Ángeles Azules, y haciendo un ligero cambio, “de México para el mundo” Pero ¿cómo es que se originó el mariachi? ¿cuándo nace? Precisar una fecha o un momento en el tiempo en el cual se pueda decir “a partir de aquí nace el mariachi” es una labor difícil de lograr, máxime porque se habla de una institución popular. No obstante, se puede decir que existe evidencia de su existencia desde el siglo XVIII en la región noroccidental de lo que antes era la Nueva España; cuya característica principal era el predominio de las cuerdas o de sus variaciones (Jauregui, 2012). Se dice que los instrumentos del mariachi nacen por la unión cultural mestiza, africana y europea; por lo que al inicio se observa una mezcla de caracolas, teponaztlis, huéhuetls, flautas, guitarras y violines (Fernández, 2011). Son los “cocas” habitantes de Cocula quienes inventaron la vihuela para sustituir algunos de los instrumentos españoles (Fernández, 2011). De ahí que, como reza la canción, “de Cocula es el Mariachi”. De hecho, para los años treinta del siglo XIX se ubicaban al menos dos mariachis en Cocula: el Coculán y el Chivatillo (Fernández, 2011).

A pesar de que tanto al mariachi como al tequila se les consideraban particularidades de las clases bajas, se sabe que, a inicios del siglo XX, primero en el festejo del cumpleaños de Porfirio Díaz y posteriormente en una reunión política con el Secretario de Estado de Estados Unidos en Chapultepec, se contó con la participación del mariachi para celebrar ambos eventos como una forma de representar a una orquesta típica. Cabe mencionar que, en la visita del representante del país vecino del norte, a los integrantes del mariachi se les vistió formalmente y no como solían aparecer con sus vestimentas normales (Fernández, 2011; Jauregui, 2012).

Poco tiempo después, al finalizar la Revolución Mexicana, la migración del campo a la ciudad propició el traslado de los mariachis de occidente a las grandes ciudades. Lo anterior, aunado al proyecto de Estado, con José Vasconcelos como Secretario de Educación Pública, que implicaba el impulso a la cultura y el nacionalismo, favoreció la revaloración de lo campirano y con ello, el fomento del mariachi, entre otras expresiones de la cultura mexicana (Jauregui, 2012).

 

En la actual Ciudad de México arribaron mariachis, con diferentes estilos, del occidente de nuestro país. Se necesitaba consolidar un género; por lo que las casas productoras de discos instaron a compositores y a músicos a generar un producto único. Es cuando la trompeta se convierte en el instrumento más representativo del mariachi y, Manuel Esperón y Ernesto Cortázar se consolidan como compositores de la música vernácula. No obstante, el mariachi se convierte en acompañante: charros que están detrás del(la) cantante. Las películas de los años 40 y 50 de la Época del Cine de Oro mexicano dan muestra de esta situación de compañía. Pero los charros mexicanos de la época como: Jorge Negrete, Pedro Infante y Javier Solís, no hubieran logrado su estatus de ídolos del pueblo “Sin la gran habilidad lírica, la inspiración innata, el sonido característico y la sugestiva imagen “de campo” de los mariachis” (Jauregui, 2012, p. 231).

En la actualidad, el mariachi ha evolucionado combinando sus instrumentos con Orquestas Sinfónicas que interpretan variadas canciones de forma única y su vestimenta es muy elegante. No obstante, siguen representando a la gente del pueblo, a nosotros. Por ello, es que en Miquiosco deseamos que en estas fiestas patrias celebres tu mexicanidad al lado de un mariachi, como el mariachi los Cinco Magníficos, mexicanos como cualquiera de nosotros que se ganan la vida cantando, alegrando y recordando que somos mexicanos: enamorados, valientes, aguerridos, nostálgicos, soñadores, felices y que a pesar de todo seguimos siendo el rey…

Felices fiestas y ¡Viva México!

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