Motivaciones externas e internas. Clave de la armonía emocional.

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Por: Alex Castro

Desde hace algún tiempo he venido trabajando con individuos que no logran reconocer momentos de plenitud, menos sentirse constantemente satisfechos con lo que les rodea en la vida, y con motivaciones que signifiquen una armonía emocional, aun cuando su situación es favorable en temas que se supondría generan felicidad, viven en familia, tienen empleo, buena salud incluso estabilidad económica, pero ¿qué pasa que a veces esto no es suficiente?

Motivaciones internas: un propósito en la vida

Veamos un fragmento de “El proceso”, novela póstuma de Franz Kafka, uno de mis autores favoritos:

“Siempre he pretendido llevar adelante en este mundo veinte cosas a un mismo tiempo y, por añadidura, con un propósito no siempre loable”… Joseph K., ¡justo antes de consumirse como un perro!

Sé que suena fuerte, pero si has sentido alguna vez, sin saber muy bien por qué, que se consume poco a poco tu tiempo, energía, ganas, vives monótonamente aferrándote a la rutina establecida, a lo correcto, a lo que debe ser, aunque realmente sin vivir, con prisa, con una idea poco clara de hacía dónde vas, seguro has conectado con las motivaciones externas más que con las internas, pero retomemos esto más tarde.

Invariablemente la vida se consume, hay una diferencia sustancial entre hacerlo con un propósito, un ideal propio que surja de nuestro interior a “porque no nos queda de otra”.

Como le sucede al personaje de la novela de Kafka: el propósito no es fácil de encontrar, y es que en la analogía de la vida, alejarse de la motivación interna nos aleja de vivir en plenitud, sin embargo a veces es inevitable.

Hay muchas interpretaciones del texto de Kafka, en nuestro caso el proceso tal como se narra es la analogía de una vida sin sentido, todos los días haces lo mismo, anhelas incluir algo diferente, sin embargo, no sucede. De pronto pasas el tiempo planeando, calculando, buscando alternativas, pero no tienes idea de hacía donde vas, de cómo utilizar los recursos que tienes a la mano, te pierdes y terminas frustrado dejándote llevar por el verdugo representado por la monotonía, el estrés, el burnout, las adicciones, hasta que invariablemente terminas consumido.

Motivaciones externas

Las motivaciones externas vienen a ser aquello que se espera que hagamos, también lo que debemos hacer, muchas veces incluso para sobrevivir, salen del exterior, de lo que la vida, la sociedad, incluso la familia nos demanda; pero no nos apresuremos a desdeñarlas, a veces se cae en la tentación del “éxito, felicidad, plenitud, emprender” y se puede menospreciar a quien no lo hace y/o aparenta que lo hace (que es aún peor), diría Guillermo del Toro, son instrumentos de tortura.

Disfrutando de la vida

Las motivaciones internas suelen ser aquello que nos gusta hacer, que no implican un desgaste mayor, lo que no quiere decir que no requieran esfuerzo, disciplina y constancia; están cercanas a sensaciones como: el bienestar, la alegría, la plenitud. Los niños y los adolescentes, cuando pueden serlo, conectan naturalmente con estas motivaciones, sin embargo, solemos ser los adultos los que ponemos expectativas, metas a cumplir, etc., y en ocasiones les “cortamos las alas”, ya que solemos confundir algunas actitudes e incluso aptitudes con pérdida de tiempo u holgazanería.

Generalmente, en el trabajo con adultos encontramos las motivaciones internas en las cosas que tuvieron que dejar de hacer, o poner en pausa para convertirse en “alguien en la vida”, solo para darse cuenta que quizá no era el camino.

La constancia como clave

No podemos negar que la sociedad en la que vivimos nos exige y que muchas veces debemos aceptar el orden de las cosas, dejando nuestras propias motivaciones atrás, sin embargo, este orden social muchas veces nos presenta lo que Michael Ende representó en los villanos de Momo, adultos con prisa que no nos detenemos a contemplar por qué hacemos lo que hacemos, que en ocasiones es más sencillo dedicar minutos, horas a lo que amamos en vez de padecer eternamente nuestra falta de tiempo, nuestros “para luego”.

Estos minutos dedicados a nuestras motivaciones internas deben de convertirse en una constante, cómo reconocer esos momentos no es fácil, una clave para lograrlo es que sintamos convicción de hacer, cuando lo hacemos lo demás no importa, ni siquiera eso que nos han enseñado a poner primero…a veces…demasiadas cosas.

Piensa en que lo que haces por convicción, se convierte en un arte porque es único, es tuyo, evolucionario y revolucionario. Cuando le dices al mundo, incluso si solo es por unos momentos “no estoy de acuerdo”, entonces verás tu capacidad para desarrollar ideas, descubrir lo que te hace vibrar, esa lealtad a tus convicciones al menos hazlo un rato, un tiempo… ¡tu tiempo!

En conclusión, el equilibrio entre lo que debemos y lo que disfrutamos hacer se logra con un tercer ingrediente, reconocer nuestras emociones, vivirlas plenamente, no hay ni buenas ni malas, todas están ahí para algo, son igual de importantes, si las evades terminas en lo que llamamos zonas de confort, si las atiendes quizá sufras, pero te aseguro que no será permanente y sin duda estarás en camino de la armonía emocional.

Alex Castro. Terapeuta familiar y rebelde con causa. Presidente de Colectivo Bennu, Armonía emocional.

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